Reminiscencias de las manifestaciones

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Durante el periodo de las campañas presidenciales asistí a varias manifestaciones y marchas, organizadas por distintos grupos de personas con diferentes objetivos. La primera de ellas fue la marcha pro AMLO del 20 de mayo. Fue para mí muy significativa, porque ese día me quedó claro que existía un grupo de gente viviendo en el país con convicciones políticas orientadas hacia el bien público, que además estaba dispuesta a salir a las calles a gritarlas y exigirlas. La verdad es que hasta hace unos tres meses me mantenía escéptica al respecto; había perdido la esperanza de que en México, como en otros países, se organizaran movilizaciones políticas destacadas.

Ese domingo llegué a las 4:45 y esperé a Leonardo cerca de la Escuela Modelo, a media cuadra del Monumento a la Bandera, el lugar de la cita para la manifestación. Subimos a las escaleras del monumento desde donde miramos a la gente que iba llegando. El ambiente era festivo: recientemente había ocurrido el abucheo a Peña Nieto en la Ibero; el movimiento YoSoy132 comenzaba a gestarse; Elena Poniatowska había dicho en un discurso que “los jóvenes de hoy son los del 68”, haciendo alusión a su vigor, su sensibilidad, su inteligencia, en una visión quizá idealizada pero representativa del momento histórico: el juego previo a las elecciones presidenciales, en el que aún se respiraba mucha esperanza y los jóvenes formábamos ―formamos― una pieza esencial de la agenda política. Compartí esa alegría con Leonardo, a quien por cierto ese día conocí un poco más por su sentido del humor y sus ideas originales, animales en vías de extinción.

Me dio gusto encontrar que no era una manifestación exclusiva de fanáticos de López Obrador o de perredistas: el grupo era muy diverso, había gente de muchos estratos socioeconómicos, gente con partido y gente apartidista, jóvenes, ancianos, trabajadores, estudiantes. Me preguntaba entonces qué era lo que realmente compartíamos. Eran muchas cosas: ideas izquierdistas de distinta índole, cierta información y también cierta desinformación; esperanza de formar parte de una sociedad mejor, una ciudad mejor, un país mejor. Las gargantas y pancartas portaban diferentes exigencias y mensajes pero, en síntesis, nos movía el impulso de cambio, uno que aún no sabíamos si llegaría, o cómo se lograría, pero que deseábamos y aquel día manifestábamos a través de la emoción agitada de esa participación ciudadana rudimentaria.

Una vez que el tamaño de la concurrencia alcanzó varios cientos de personas se abrió el micrófono para quien quisiera tomarlo. Hablaron un ama de casa, un señor de unos cincuenta años representando a la comunidad homosexual, un par de personas del norte del país que estaban en desacuerdo con las políticas actuales de combate a la violencia, el crimen y el narco, varios estudiantes, personas defraudadas por los resultados de los comicios de 2006, una señora de voz resonante que habló por la “juventud, esa que se llama de la tercera edad”; varios ciudadanos sin partido instándonos a informar ―en vez de convencer― a los indecisos, confiando en que la información sería suficiente para tomar la decisión de votar por Andrés Manuel López Obrador.

Las voces constituían una forma más de gritar Únete, pueblo, pero no solo a esta causa, sino a la ciudadanía que nos ha hecho falta a lo largo de toda la historia nacional, a la participación sencilla de todos los días, al pensamiento crítico. No idealizo ese día cuando digo que se respiraba un ambiente de respeto, pluralidad, ganas de entender al vecino ―al menos por un rato―, de no dejar basura en el suelo y ser un buen ciudadano.

Mientras redacto esta crónica recuerdo las palabras de Martín Caparrós en su texto Un día, treinta años: “no hay nada tan intenso como la sensación de estar cambiando al mundo”. Si bien esta manifestación no fue un parteaguas en la historia, me transmitió esa sensación: la idea de que, después de todo, a pesar de los malos pronósticos, los pesimismos irreductibles de algunos analistas y la idiosincrasia mexicana apática y cansina, siempre sí, aunque se dijo que no, existe esa otra porción de México que tiene la capacidad  y la voluntad de mejorar la vida colectiva.

Ese día noté que la fuerza de mucha de la gente ahí reunida no estaba orientada únicamente a apoyar a AMLO. Me daba la impresión de que ése era solo el pretexto: veía a las personas aprovechando el momento para echarle otras salsas al taco, gritar consignas de otras causas: los derechos de los homosexuales, de las comunidades indígenas, del medio ambiente, propuestas para la economía, apoyo a los estudiantes de la Ibero, exigencias de apertura en los medios de comunicación. Pude percibir en algunos el deseo de ir a la manifestación simplemente para sentir el coraje al gritar: “México despertó, chingao; Yucatán piensa, eh. ¿Nos creían dormidos? Pues no, aquí estamos con los ojos abiertos y el cerebro maquinando”. Los deseos de cambio, con el júbilo de la multitud, se transforman fácilmente en sed de revolución.

Me sentí contenta con la porción de pueblo que tomó el micrófono para manifestar, por si alguien lo dudaba, que los estudiantes existimos y pensamos –no sé si es divertido o amargo que hubiera que aclararlo; para gritar que el gobierno nos tiene miedo porque no tenemos miedo; para advertir, con cierto grado de ¿paranoia o realismo? que no iban a dejar tan fácil el camino el día de las elecciones; que podía estar a la vuelta de la esquina otro fraude electoral.

Fue anocheciendo mientras yo escuchaba desde las escaleras del monumento, bromeando y comentando los sucesos con Leonardo, fotografiando y aplaudiendo, no precisamente el contenido del discurso de la gente, sino el hecho de que esté ahí diciéndolo en una especie de plaza pública improvisada. Cerca de las 7:00 pm comenzó la marcha hacia la Plaza Grande; el ánimo de las personas no decayó en ningún momento del recorrido. Leonardo tuvo que irse antes de iniciar la marcha, por lo que me quedé con otros amigos comentando las calles y recorriendo los sucesos actuales.

Después de esa marcha estuve en varias más; lo destacable de todas, desde mi punto de vista, es la voluntad colectiva de aportar algo. Existen distintas líneas de pensamiento ―sería terrible que no fuera así― que podrían llevarnos a la fragmentación de los movimientos; sin embargo confío en que sabremos conciliar y hacer consensos; buscar unión, no partido.

Escribo ahora desde el balcón post electoral, con una visión más profunda de los acontecimientos y en especial de las personas que conforman los grupos de movilización. Mi coraje por los hechos recientes persiste: las marchas, manifestaciones, asambleas, brigadas informativas, videos, comunicados, observadores electorales y otras cosas más no fueron suficientes para contrarrestar la maquinaria asquerosa del PRI, cuyos engranes son la manipulación mediática, el lucro con la pobreza y una gran diversidad de trampas. Pero ese es otro tema. Lo único que me deja un buen sabor de boca es el ímpetu de la gente y sus ganas de transformación. Me emociona verles reunidos, alborotados gritando consignas.

Por supuesto, a la voluntad de moverse y gritar debe seguir la voluntad de organizarse y actuar. Es mucho más lo que nos falta que lo que tenemos: necesitamos más información procesada y analizada, más ideas, mejores planes. Sin embargo, creo que los hechos recientes ―la expulsión de Peña Nieto en la Ibero, las marchas anti Peña, las manifestaciones pro AMLO, las asambleas y eventos #YoSoy132, así como las iniciativas de asociaciones y colectivos― son un buen inicio, un buen indicio. La multitud conglomerada comunica deseos de cambio, pero solo la multitud organizada puede conseguirlos.

Yo diría que lo esencial para fortalecer nuestra vida política es enriquecerse el intelecto, compartir lo aprendido y tomar acciones de manera organizada, trabajando en equipo. No es difícil, solo nos falta acostumbrarnos a hacer algo por nosotros mismos.

Camino por la ciudad y me siento rodeada por capas superpuestas de país: una población extensísima que podría dividirse en lo que Leo y yo hemos llamado el México despierto, el México dormido y el México arrullador. ¿Qué tan lejos estamos de pertenecer a cualquier capa? ¿Cuáles son los distintos niveles de sueño? ¿Qué podría fungir como un buen despertador? La clasificación no pretende marcar distancia entre un nosotros y un ellos, sino entender el origen de las acciones (no) tomadas por los que no se inmutan, no se interesan, no se involucran, con el fin de poder hacer algo para que quede claro pronto la inutilidad crónica de la apatía.

¿En algún momento la participación política en México dejará de ser una novedad y se convertirá en una parte normal de nuestra vida? No lo sé, pero espero que sí.

Estoy convencida de que los primeros meses de este año han sido un buen algodón germinador; me consta que en este momento hay más y mejores planes para intervenir en la vida pública. Revolution will not be televised: claro, porque la revolución estará debajo de nuestras circunvoluciones cerebrales.

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Comments
9 Responses to “Reminiscencias de las manifestaciones”
  1. Aunconparquehubiéramosperdido dice:

    No creo que nadie haya despertado y si lo hicieron fueron como 20, las marchas están de moda y por eso van esos niñines.

    • Quizás una parte de la gente vaya por moda, pero me consta que han habido cambios favorables; he hablado con personas que lo demuestran y detrás de las multitudes caminando hay gente organizada, en especial (según creo) en el centro del país. Hay muchas críticas que pueden hacerse a los movimientos, pero sinceramente pienso que puede obtenerse mucho de lo que ha ocurrido estas semanas. Lo ideal hubiese sido que participemos desde antes, tal vez necesitábamos un catalizador.

  2. rodrikk dice:

    Excelente nota Alejandra. A mi me gustaría añadir otro México, inspirado en el filósofo Ernst Bloch: el México de los sueños diurnos. No son los sueños dormidos, los que al despertar olvidamos fácilmente, sino los sueños que tenemos en el día, nuestras esperanzas y utopías y creo que están floreciendo mucho en estos días. Como dices, hay que organizarnos para cumplirlos. A pesar de todas las prácticas fraudulentas que hemos visto en estos días, me quedo también con muchos elementos positivos como los que describes. Retomémoslos y sigamos adelante. Saludos.

    • Hola, Rodrigo, gracias por tus comentarios. Me encanta la idea que mencionas sobre los sueños diurnos. Sigamos entonces sobre la marcha aprovechando la oleada de esperanza y buenas intenciones. Saludos 🙂

  3. “No es difícil, solo nos falta acostumbrarnos a hacer algo por nosotros mismos”. Muy bien lo has dicho. Dejar la mentalidad de dependencia y trabajar en equipo.
    Saludos.

  4. p3epe dice:

    Fui grosero al dejarte plantada así que te daré una explicación que no supe expresar en el momento: Tenemos demasiado historial negativo. Antes y después de lo de noviembre ofreciste tu amistad, estar presente, pero por más de dos meses ni llamaste ni nos vimos, simplemente intercambiamos mensajes de texto por Facebook lo cual dista mucho de ser contacto humano real… en parte culpo a Ed, porque él relató tus rechazos como si fueran anécdotas graciosas, y eso me hizo más difícil poder verte… y aparte ¿por qué nunca pudiste confiar en mí, en platicarme de la misma forma que yo te platicaba? Yo te platiqué todo sobre mí, todos mis secretos y tú jamás mencionaste que tenías novio, no me puedes decir que eso no es desconfianza… en fin, supongo nunca pudiste olvidar nuestros primeros roces, y eso es comprensible, yo tampoco olvido nada del todo, jamás. Y no me importó mucho pero sospecho que lo que decías de tus hermanos era una indirecta para mí.

    En fin, nuestra amistad jamás iba a poder funcionar, y he visto que me siento menos mal cuando nadie más que mi familia inmediata me rodea. Me aíslo del mundo porque es lo más cercano a la paz, es lo mejor para mí. Estoy cansado de amigos que no tienen tiempo para mí o me traicionan o como Ed que no dejan de mentir y mentir y aprovechan las situaciones de mi vida personal para llamar la atención y manipular a otros.

    En fin, me despido, dudo que nos volvamos a ver.

  5. Leches dice:

    Mi estimada siento un poco de remordimiento por nunca haber hecho acto de presencia en todas las marchas y manifestaciones a las cuales fui invitado aludiendo siempre a algún quehacer casi siempre falto de importancia sin embargo me alegra saber que hay gente como tú que lucha sin importar el como ni el cuando, estoy seguro que el cambio en este país es inevitable y tu te sentirás muy orgullosa el día de mañana por haber sido una pieza de valor en este movimiento que se nos viene encima; espero en el futuro próximo romper con la apatía y el conformismo que son parte de mi ser para poder apoyar a nuestro país de una forma tan activa como tu y diversas personas de nuestra edad lo están haciendo por lo pronto te felicito por tus letras tan inspiradoras de los sucesos que de nuevo forman parte del día a día de nuestra nación.
    Muchas felicidades. Un abrazo y un saludo.

Me encantan los mensajes, déjame uno.

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